Da tristeza hoy día ver a alguien en el paseo del expreso intentando ser ayudado por alguien. Ya los tiempos no son los mismos. El ajoro de vida y la desconfianza de la gente le han ganado a la solidaridad. A eso se le suma la demora de la policía y servicios médicos que siempre llegan tarde, para variar.
Es triste pasar y ver a un hombre de unos 30 años sentado en la grama del expreso hablando por teléfono y esperando a que llegara alguien a ayudarlo porque su carro se había incendiado. No había quien lo ayudara.
Debe estar brutal, el querer llegar a tu casa después de un largo día y que no puedas porque a tu carro le da con incendiarse. Hay que verle el lado bueno, él esataba bien. Es cierto que no habían llegado a ayudarle, pero el se veía normal. Me imagino que sufriendo su carrito, pero dándole gracias a Dios por estar vivo.
Al fín de cuentas lo importante es estar bien, aunque a nadie se le ocurra pararse, no para mirar y averiguar, sino para ayudar.
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